- La reducción y posterior cancelación de los envíos de crudo mexicano a la isla coincide con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Aunque el gobierno mexicano habla de ajustes técnicos, los datos sugieren algo más que simples coincidencias
Staff
Ciudad de México.- Oficialmente, todo es una casualidad técnica. Extraoficialmente —y con una dosis inevitable de ironía— la reducción y posterior cancelación de los envíos de petróleo de México a Cuba parece haber aprendido rápido el valor de la disciplina internacional. Justo en el primer año del regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, los barriles mexicanos con destino a La Habana comenzaron a escasear… hasta desaparecer.
Los datos son menos diplomáticos que los comunicados. De acuerdo con registros comerciales de Petróleos Mexicanos (Pemex), en 2024 México exportó a Cuba hidrocarburos por alrededor de 600 millones de dólares. En 2025, ya con Trump nuevamente instalado en la Casa Blanca, esa cifra cayó a aproximadamente 496 millones, lo que representa una reducción cercana al 17 por ciento. Para 2026, los envíos simplemente se cancelaron.

La explicación oficial del gobierno mexicano apunta a factores internos: mayor prioridad a la refinación nacional, limitaciones operativas, ajustes logísticos y una política energética enfocada al consumo interno. Todo perfectamente razonable. Lo llamativo es el momento. La caída coincide con el endurecimiento del discurso estadounidense contra cualquier país que provea energía a Cuba, acompañado de advertencias claras sobre posibles sanciones financieras y comerciales.
Desde Washington, el mensaje ha sido inequívoco: quien venda o transporte petróleo a la isla se expone a represalias. México, por su parte, insiste en que no actúa bajo presión extranjera y que mantiene una política exterior soberana. Sin embargo, en los hechos, un embarque fue cancelado, luego otro, hasta que la llave se cerró por completo. No por órdenes —se dice— sino por “decisiones técnicas”. La técnica, al parecer, también toma nota del clima político internacional.
El contraste es evidente. Durante años, la solidaridad energética con Cuba fue defendida como un principio histórico de la política exterior mexicana. Hoy, ese principio parece haberse refinado —nunca mejor dicho— hasta quedarse en cero barriles. La solidaridad, como el crudo, se volvió un recurso escaso.
¿Se trata de una obediencia silenciosa ante el gobierno estadounidense? Nadie lo admite abiertamente. Pero los números cuentan una historia difícil de ignorar: menos petróleo cuando aumentan las amenazas, y nada cuando el riesgo de sanciones se vuelve explícito. En geopolítica, las coincidencias suelen ser la forma elegante de nombrar decisiones incómodas.

